lunes, 19 de diciembre de 2016

Ficción 1

Nuestra misión era traspasar la noche, llegar a salvo a destino en la madrugada, navegando tranquilos en nuestra recámara mientras las olas se agitaban fuera, nos entreteniamos con cosas vulgares como una televisión y otras sacras como nuestros cuerpos. Las tendencias suicidas de Juna hicieron que sus padres escondieran todo elemento cortante por lo cual dejaban el pan y otros alimentos ya cortados en la mesa, igualmente nunca comimos demasiado, nuestra prioridad era desvelarnos con juegos mentales y elucubrando estrategias para escapar de nuestras respectivas muertes, la suya descansaba en sus propias manos, mientras que la mía esperaba puertas afuera en disfraces varios. Juna había pasado a ser una figura central en mi vida, una figura hasta entonces desconocida en mi mundo, no era ni madre, ni hermana, ni novia, y como tal nuestro viaje no resistiría las fuerzas del tiempo.
No era solo paranoia, estábamos atentos como lobos, el mundo exterior se nos había revelado como un enemigo por primera vez ya desgarrada la carne del tiempo, con nuestra carne aún prístina como templo guardando peligrosas armas, de incendio y luego lluvia limpiando los restos, avanzábamos.
Una vez atravesado el mar, acampamos bajo nubarrones grises, la tormenta no se hizo esperar y en lugar de permanecer en nuestras tiendas nos internamos en el bosque más próximo, sabíamos que nos encontraríamos al otro lado cuando hayamos terminado de explorar la zona, lo que no sabíamos es que el bosque sería nuestro viaje, nuevamente.

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