domingo, 23 de julio de 2017

El deseo es su propio placer, que al no aprehender lo deseado, aun así se regocija en el dolor de la escisión al escaparse el contacto corporal. Lo noble está en que el placer de la contemplación de ese conjunto sea lo suficientemente fuerte como para estimarla en si misma, al punto que el deseo se agota y solo permanece el reflejo estético de aquel conjunto, como aguijón y bálsamo. 
Fiel enfermedad, compañía e infección 
cuerpo inestable aun resistente, que cuando te hunde un fuerte embate en su armadura bordo
solo querer despegarte en partes 
que esta mente  rojisangre organizará
huida perfecta que sin embargo la salud frustra, y la mente 
que no puede emanciparse a si misma. 

La opinión pública es la trampa, los discursos en puja su dialéctica obsoleta, subordinada siempre al espiral como estructura.