domingo, 5 de enero de 2020

cotidianidad o divinidad 
no puedo dejarlo pasar
estudiar hasta desmayar
y soñar  con viajar 
solo y con la idea de dios 
¿donde está ella en este mundo?


 a los que te lastimaron
olvidalos, no saben lo que hacen, a los que lastimaste seguramente ya te perdonaron, se estanca la sangre



 
EL TIEMPO NUNCA DE NUESTRO LADO,
MI TESORO EN EL BARRO DE LOS OTROS
ACA EN "LA CITY" TODOS PALIDOS, YO VENGO DEL CAMPO
Y SE QUE TU SNOBISMO ESTA ATRASADO
HOY SERAS UNA VIRGEN MAS DETRAS DEL CRISTAL,
ME LLAMA LA MONTAÑA
te gusta mostrarte, aunque una sombra te cuida, como vendiendo tus artes, lo preciado y lo banal en una misma bolsa, no sos tan especial por como sangras, como te aprecian los que desprecias. 
tu ethos secreto el perder el tiempo, cuando caigas no traeras flores con el viento. Cuando no este aca se que diran que fui un dios, que di lo mejor.



tomando carrera para dar el salto final
la fe y el horror de los cuerpos 
una vez atravezado el desierto
escupire en tus cartas si no tienen nada cierto

encontrarte de cero en algo muerto
y darle significado desde adentro 
de este esqueleto 
dejando tu carne de esteta errante para el recuerdo de nadie 
¿que salvarias de este mundo?
¿tu falsa sangre dorada?






jueves, 16 de agosto de 2018

Un gramo de distancia derramando arena entre nosotros, cierto montículo al que di vida, cierto silencio histérico y escapismo. Recordando que casi nos vimos cuando estabas acá pero ambos dudamos sanamente, eso nos dejo en una posición favorable a pesar del desastre en el desierto, como estatuas, alguien escribió algo en nosotros que solo pudimos leer luego. 

La distancia y el nunca pedir ayuda, nuestra amistad es una cuerda a distancia, difusa, pero al tirar de ella brilla y quiere existir con mas fuerza, alejarse del piso y tensarse a nuestro alrededor, como quienes conocen su maraña única en silencio sin saber bien que son entre si. 

miércoles, 16 de mayo de 2018

se desprende la nausea de un coro celestial, ¿como ocurren tales cosas?, quizás como ocurre el desprecio, sabiendo que siempre el culparse o perdonarse tiene un doble filo, sabiéndote atrapada con un avatar muerto que viste mi carne y mis ojos, y no el escritor ni el músico, ni el que conociste ni el que cambió, uno mucho peor, colección de errores materiales que aún no vio su propia muerte, y aun así vive. 
Como un espectro impostor en el castillo que es tu alma, revestida de una piel de enredadera. Espinas, fuego, ¡que arda todo ello!, ¡ya que nada hay de mi allí!